Una mirada desde el derecho positivo a la discriminación

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Imagen de la Constitución política
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Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”. Mahatma Ghandi.

Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos se han organizado en grupos, permitiendo que a través de estos se garantice la supervivencia de la especie hasta el presente. Estos grupos se caracterizaban por que los miembros trataban de crear empatía acudiendo a sus semejanzas, y así demarcaban las diferencias con los otros grupos, a quienes veían como rivales en la lucha por los recursos existentes.

En ese vaivén histórico el ser seres racionales les permitió evidenciar las diferencias que en la propia especie se pueden encontrar, especialmente de colores, formas, lengua, origen, sexo, edad, capacidad, patrimonio, filiación, gustos, enfermedades, preferencias, pensamientos, comportamientos, etc, algunas tan evidentes que saltan a la vista y otras que pasaron desapercibidas, incluso para miles de generaciones.

Esas diferencias permitieron que la historia de la humanidad estuviera colmada de ejemplos de grupos que empezaron a seleccionar sus pares para otorgarse privilegios, excluyendo a las demás, bajo la premisa de ser superiores, como dan cuenta sucesos recientes como el genocidio armenio, la solución final del tercer Reich, Holodomor, el Apartheid, Chechenia, Crimea, el Tíbet, Ruanda, el pueblo Romaní, ISIS y así una lista interminable de ejemplos en los cuales la diferencia existente fue suficiente para segregar y acabar con el derecho a la vida de millones de personas.

Desde que la escritura hizo parte de la humanidad, es que se puede hablar de historia y con ella de derechos, de poder gozar de las libertades bajo los parámetros previamente escritos, como se evidencia en el código Hammurabi,  las Doce Tablas, el Cilindro de Ciro, la Carta Magna, los Derechos del Hombre y la Declaración de los Derechos Humanos, entre otros escritos históricos, pero estos por sí solos no garantizan que sean respetados por toda la humanidad, cuando aún se carga el lastre de monarquías, dictaduras, teocracias, formas de estado y de gobierno que dividen a los seres humanos en ciudadanos de primera y segunda clase.

Para el caso colombiano, muchas de estas desigualdades se trataron de mitigar con la Constitución de 1991, momento en el cual son reconocidos muchos derechos de primera y segunda generación, que a la postre buscan eliminar este tipo de conflictos entre las personas que habitan el territorio.

El gran paso se dio cuando el proyecto de la Ley 1482 de 2011, en el que inicialmente se buscaba proteger a las poblaciones raizales, da un giro y gracias al debate fue ampliada a otros grupos y sectores de la población, pero que se quedó corta y no incluyó a la población con discapacidad, para lo cual tuvo que salir avante la Ley 1752 de 2015.

Con la Ley Antidiscriminación y lo consagrado en la sentencia C-091 de 2017, se da claridad sobre el sentido de estos nuevos tipos penales, pues una vez dada la certeza sobre el daño moral o físico o sobre el impedimento al ejercicio pleno de los derechos de cualquiera de las personas que son parte del grupo salvaguardado, es deber del investigador encontrar los móviles que llevaron a la persona a realizar alguna de las conductas descritas por la norma.

Con base en lo anterior, la visión del Estado moderno debe ser la de construir conocimiento con una educación incluyente para todos sus ciudadanos, pues con el discernimiento sobre la historia y la ley es que se logra hablar de una igualdad efectiva para toda la humanidad, libre de discriminación.

Como resume una canción de Navajita Plateá: “Dale vuelta a tu pasado y te podrás enterar de que todos somos mestizos, el que menos o el que más tiene algo de judío, de gitano o musulmán, sangre negra o africana, asiático qué más da y no se enteran de na’”.

Ignacio Maya
Autor:
Miguel Peña
Jefe Oficina Asesora Jurídica del INCI
Instituto Nacional para Ciegos - INCI