La cultura como alternativa que complementa a la educación

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Personas con discapacidad visual, Manipulando una replica de artesanía indígena
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Vivimos en una sociedad que ha convertido a la imagen visual y al sonido en sus herramientas de comunicación por excelencia. No es gratuito que el teatro, la televisión, el circo, el cine, la fotografía y el diseño gráfico como expresiones audiovisuales hayan sido inventados en lo que de manera muy general denominamos cultura occidental.

La cultura occidental, apoyada sobre el pensamiento desarrollado por la iglesia católica, encontró en la visualidad el lenguaje para transmitir el contenido del Evangelio a la población europea de la Edad Media que, no sabiendo leer ni escribir, podía reconocer a los personajes bíblicos en las escenas representadas en el interior de las catedrales.

El resultado es que la visualidad se convirtió en la opción principal para transmitir información y para acercar a las personas al contenido de un tema determinado. Por ejemplo, a la hora de enseñar, las cartillas, las ilustraciones y en versiones más modernas, las diapositivas y los videos, son medios indispensables para comunicar, al punto que si un docente carece de estas opciones, parecería que su exposición estuviera incompleta.

Sin embargo, tanta fundamentación basada en la visualidad genera dificultades, a veces insalvables para que las personas con discapacidad visual accedan a la información. Los métodos que emplean la visualidad para comunicar resultan claramente excluyentes cuando son personas con discapacidad visual quienes se vinculan con ellos y, en consecuencia, como tanto la educación como la cultura dependen del uso de imágenes para comunicar, las personas con discapacidad visual acaban en muchos casos por carecer de la información que estos espacios les brindan.

Esto ha ocasionado que muchas personas con discapacidad visual, a pesar de haber cursado los grados correspondientes a la educación primaria, secundaria y superior, desconozcan cómo es una ameba o qué forma tiene una ballena, por elegir algunos ejemplos, debido a que sus maestros en la educación inclusiva no tuvieron los materiales o la creatividad suficientes para que pudieran acceder a estos saberes.

En el caso de una educación que en vez de ser inclusiva ha sido concebida específicamente para personas con discapacidad visual y por tanto es excluyente, ha sucedido que algún maestro a cargo pueda llegar a considerar que no es pertinente que las personas con discapacidad visual aprendan acerca de temas como la astronomía o las bacterias porque ese saber no le permitirá desenvolverse en la vida y porque se prioriza una enseñanza de conocimientos destinados a la actividad productiva.

Ya sea a causa de las deficiencias de la educación inclusiva o debido a la exclusión respecto al saber, la cultura puede ofrecer el espacio y los medios necesarios para compensar las deficiencias de la educación regular. Por ejemplo, un programa de lectura realizado al interior de una biblioteca donde se lee un libro acerca del Medio Oriente constituye la oportunidad para que personas con discapacidad visual que perdieron la vista a una edad avanzada o que nunca conocieron cómo era el mapa de la región mencionada en el texto trabajado puedan acercarse a esta información cuando la actividad ha sido formulada con un criterio que pretende garantizar la accesibilidad.

Conozco a una persona con discapacidad visual de treinta y cinco años nacida en el Putumayo, que en la actualidad trabaja como cantante en el trasporte urbano de Bogotá. Él se emocionó mucho cuando conoció un mapa rompecabezas de Colombia que hace parte de los prototipos que hemos desarrollado en el INCI, porque a lo largo de su vida no había tenido la oportunidad de conocer qué forma tiene el departamento del Putumayo ni en qué parte se ubicaba respecto al resto del país.

Como no podemos pretender que esta persona repita el bachillerato para que adquiera estos conocimientos, el contexto de una actividad cultural donde se utilice este mapa rompecabezas y se trate algún tema relacionado, como puede ser la selva amazónica, resulta muy efectivo para brindar a las personas con discapacidad visual todo aquello que por acción o por omisión la educación regular no les ha brindado.

Así, las actividades y espacios culturales están en condiciones de ofrecer y compensar las deficiencias de la educación regular y por tanto deben constituir un área sobre la que debe recaer nuestra atención, porque estos espacios representan para muchas personas con discapacidad visual la oportunidad de aprender lo nunca antes aprendido.

Jorge Colmenares
Autor:
Jorge Colmenares
Profesional Especializado
Instituto Nacional para Ciegos - INCI