De los derechos a la pedagogía

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Profesora junto con un niño con discapacidad
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El viernes 13 de mayo de 2011 nuestro país se sumó a los 99 Estados que se  comprometieron a tomar acciones concretas para asegurarles la igualdad de oportunidades a las personas con discapacidad, ratificando la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de esta población.

Sin embargo, la invitación aquí es grande. Se mencionan acciones desde  cada uno de los  sectores que hacen una Nación justa  y equitativa. En este sentido, el sector  educativo es uno de los más involucrados y nos hace un llamado a nosotros, los maestros. La  palabra  educación aparece en el Artículo 24 y se afirma como un derecho mediante un sistema inclusivo  en todos los niveles (Prescolar, Primaria, Secundaria y Superior).

Esto lleva a nuestro país a pensar en una transformación de un sistema para así brindar igualdad de condiciones. Esta es una necesidad que ha sido mencionada por pedagogos, psicólogos, filósofos, entre otros profesionales que lo suscitan cuando se habla de desarrollo de país. Pues como lo menciona la Convención, el reto es modificar el sistema, entendiendo la educación inclusiva como: 

    a)    Un derecho humano fundamental de todo estudiante. 
    b)    Un principio que valora el bienestar de todos los estudiantes, respeta su dignidad y autonomía inherentes y reconoce las necesidades de las personas y su capacidad efectiva de ser incluidas en la sociedad y contribuir a ella.
    c)    Un medio para hacer efectivos otros derechos humanos.
    d)    El resultado de un proceso de compromiso continuo y dinámico para eliminar las barreras que impiden el derecho a la educación, así como de cambios en la cultura, las políticas y las prácticas de las escuelas de educación general para acoger y hacer efectiva la inclusión de todos los estudiantes. 

Todo lo anterior requiere de un trabajo en cascada desde el Ministerio de  Educación, seguido de Secretarias de Educación e instituciones educativas que  estén listas al cambio y la modificación de nuestros roles, donde la  mirada sea un poco más introspectiva, no  referenciando lo que el otro debe cumplir o hacer  para lograr  una  cultura  y una  práctica  inclusiva, es decir “donde aporto yo”, que  concedo para comprender a cada uno de los seres que interactúan en el espacio académico y afectivo, que se convierte el aula de clase, donde se imparte la enseñanza  y el aprendizaje.

Para aterrizar esté discurso de la Educación inclusiva, es necesario revisar pensadores revolucionarios frente a la educación como lo son Tonucci, desde la  primera  infancia; David Bueno Torrens, desde neurociencia y educación; Rodolfo Llinás,  desde la Neurofisiología, entre muchos más. Estos pensadores nos llevan a  reflexionar frente a lo que nos hace falta conocer desde la diversidad del ser para  dar respuesta a todo lo que lleva el derecho a una educación inclusiva.
Entre estos tres pensadores podemos encontrar convergencias como: 

  • Cada cerebro es único como una huella digital 
  • La neurociencia, el cerebro y el aprendizaje se articulan para dar respuesta  al dolo
  • En un principio todos somos creativos 
  • La innovación y el contexto son necesarios ante las preguntas del estudiante
  • La escuela como un lugar de investigación 

El término de  educación inclusiva es un gran reto, donde uno de los  grandes pasos tal vez sea comprender el  discurso de cerca y reconocer las habilidades que  tengo  como maestro para brindar a mis estudiantes, reconocerme como único y líder  protagonista para cambiar realidades y, asimismo, reconocer las habilidades que  tienen mis estudiantes  y compañeros para dar respuesta a la educación inclusiva.

En términos pedagógicos, la Convención nos invita a acercarnos a  conceptos como habilidades blandas, estilos de aprendizaje, estilos cognitivos, afectividad, neurociencia, neurofisiología,  entre otras. De  tal  forma que logremos realizar  lo que manifiesta la  Convención, “planes de estudio flexibles y métodos de enseñanza y aprendizaje adaptados a las diferentes capacidades, necesidades y estilos de aprendizaje”. Todo esto siendo una responsabilidad conjunta del sistema. 

A manera de conclusión, el derecho y la pedagogía son mundos unidos que, de llegar a  entrelazarse en la práctica, facilitaría proyectos de  vida que tendrían como  resultado una sociedad  diferente, no sé si equitativa, pero  sí diferente. Es decir, la necesidad de un niño hoy en el sistema educativo que puede ser escuchada y a  su vez solucionada daría continuidad al proceso y progreso que se espera, a  diferencia de la deserción o del  olvido educativo.
 

Nicolle Cubillos
Autor:
Nicole Cubillos
Profesional Especializado
Instituto Nacional para Ciegos - INCI