La situación laboral de la mujer con discapacidad

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María del Rosario Yepes
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Autora:
María del Rosario Yepes
Profesional Asistencia Técnica

Se ha observado en diferentes estudios realizados por Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y académicas que las mujeres con discapacidad expresan repetidamente aspectos de su vida laboral en los que se han sentido discriminadas, rechazadas y en algunos casos maltratadas; en general muestran grandes dificultades en el acceso al empleo, lo cual repercute en sus posibilidades de independencia y autonomía.

Estas dificultades se encuentran ligadas a las representaciones sociales y relacionadas con el género, la imagen de la mujer, así como otras derivadas de imaginarios sobre la discapacidad (menor rendimiento, falta de capacidad, etc.) entre otros. Dichos imaginarios también inundan otros contextos como el familiar, educativo y social lo cual supone una fuerte barrera social para la inclusión de personas con discapacidad y muchas veces repercuten en su propia consideración y autoestima de forma negativa.

Junto con los imaginarios hay un gran número de barreras físicas, de acceso a la información y actitudinales que van disminuyendo las posibilidades de realización personal al dificultarles la vinculación a los diversos recursos y actividades sociales.

Existen una serie de ideas preconcebidas y creencias profundamente arraigadas en el subconsciente colectivo e individual y aceptado socialmente sobre las conductas y comportamientos en relación con las mujeres con discapacidad. Son comunes las experiencias de discriminación que sufre este grupo producto del desconocimiento, del miedo, entre otros, los cuales conllevan a la falta de igualdad de oportunidades.

Autora:
María del Rosario Yepes
Profesional Asistencia Técnica 

En relación con la información proporcionada por el SENA en el marco del programa AGORA, se ha observado que en la vinculación laboral " las mujeres poseen diferencias marcadas con relación a los hombres, diferencias que suponen una desigualdad social evidente que llevan a fenómenos de discriminación con menosprecio hacia lo femenino. Debido a que los cargos que más se promocionan son para el sexo masculino ya que los empleadores han observado que los hombres responden mejor al trabajo bajo presión y presentan mayores habilidades para el manejo de las tecnologías especializadas.

Para los empleadores ellas son más temerosas para interactuar con las tecnologías especializadas.” [i]

El modo en que la discapacidad afecta a mujeres y hombres es diferente, las causas se deben a los imaginarios sociales sobre los roles en la sociedad que ocupan hombres y mujeres.

De acuerdo con algunos estudios realizados sobre la vinculación laboral de la mujer se observa en las conclusiones de muchos de estos que la discapacidad tiene más peso, lo que impide que exista una identificación de intereses con el colectivo de mujeres.

Algunas de las explicaciones relacionadas con estas diferencias apuntan a los roles sociales con respecto al género, como por ejemplo la función social y familiar de la mujer de ‘esposa’, ‘madre’’. Por esta condición la mujer con discapacidad, de acuerdo con los imaginarios, no se ajusta a estos roles pues en algunas culturas se piensa que incapacitadas para el cuidado de los hijos y las actividades en el hogar, y son rotuladas como personas enfermas y necesitadas de cuidados, por lo que su papel mujer cuidadora desaparece y pasa a ser considerada socialmente como persona necesitada de cuidados. 

La exclusión social es un proceso dinámico que responde a múltiples fenómenos sociales que coexisten de forma interrelacionada (desempleo, pobreza y discriminación) lo que conlleva a la precariedad económica, los sentimientos de fracaso, la marginación social, y el riesgo de que incluso se aumenten estas situaciones debido a la condición de discapacidad.

“…Con frecuencia las opciones laborales de las mujeres con discapacidad se encuentran en el sector servicios, sector en el que habitualmente se exigen unas determinadas características físicas que no tienen ninguna relación con el trabajo sino con la imagen (‘buena presencia’).

Por supuesto en algunos casos las mujeres con discapacidad, visual, no se ajustan a ese perfil y suelen tener dificultades para acceder a este tipo de trabajos; hay un manifiesto rechazo, o una precondición (se da por supuesto que no pueden acceder a…), a veces tácita y a veces expresa, para no aceptarlas. Sabemos que en estos casos no se actúa conforme a la legislación, pero el problema es que la realidad está lejos de lo que las leyes regulan. Esto se atribuye a los imaginarios que se tienen frente a la belleza para el desempeño en estos cargos.”[ii]

Estas situaciones claras de discriminación responden a creencias que con respecto a la discapacidad visual existen en el ámbito laboral. Frecuentemente las mujeres ciegas y con baja visión irreversible señalan los repetidos imaginarios con relación a su desempeño laboral.

Pese a lo anterior, existen experiencias positivas en las que los empleadores han manifestado cómo la presencia de la persona con discapacidad en el puesto de trabajo ha ayudado a modificar los imaginarios que en principio existían sobre su discapacidad.

De acuerdo a lo anterior y a la situación actual en cuanto a la inclusión laboral de las mujeres con discapacidad visual y dada la realidad social de este colectivo, las políticas sociales tienen que ser mucho más activas con las mujeres con discapacidad y se deben repensar las medidas de discriminación positiva hasta que este grupo poblacional se encuentre en igualdad con el resto de las mujeres y de los hombres.

En el Instituto Nacional para Ciegos (INCI) valoramos  la importancia del grupo de mujeres con discapacidad visual que actualmente están al frente del tema de discapacidad y género, y les sugerimos que empoderen al resto de mujeres con discapacidad a partir de sus propias experiencias e incursionen a nivel nacional promoviendo las necesidades de formación para que hagan parte del aparato productivo del país teniendo en cuenta las necesidades propias de cada región frente al mercado laboral, sus intereses, capacidades  y el tiempo que tengan de acuerdo a su rol como madres.

 

[i] Informe final resultados programa AGORA 2012

[ii]  Dirección Nacional de Empleo SENA Observatorio Laboral del Servicio Público de Empleo 2015