El braille en el contexto escolar 

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una estudiante con discapacidad visual sentada en un pupitre leyendo un texto braille en el salón de clases
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Los niños y niñas con discapacidad visual que han tenido la oportunidad de acceder a la cultura escrita a través del sistema braille desde sus primeros años de vida, al ingresar a la escuela, no encontrarán mayores dificultades para asimilar los procesos formales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura que desde los escenarios escolares se encamina a todos los estudiantes. 

Vale recordar que el sistema braille por su categoría de código alfabético, se adapta perfectamente a los requerimientos de la lengua escrita en cualquier idioma, lo cual significa que los mismos procedimientos para la enseñanza de la lectura y la escritura a los estudiantes sin discapacidad visual, aplican también para los niños y niñas con ceguera y/o con baja visión no funcional para la lectoescritura en tinta. 

Por ello, no es extraño que dentro del aprendizaje del  braille también existan etapas preliminares a la escritura que los niños ciegos deben superar como el garabateo, la manipulación de objetos y figuras geométricas tridimensionales de distintos tamaños, la identificación de dibujos en alto y bajo relieve, el rasgado de papel, el trabajo de picado sobre la tabla de corcho, la ubicación espacial mediante conceptos como izquierda, derecha, arriba o abajo, entre otros aspectos. 

Por el contrario, los niños y niñas con discapacidad visual que no tuvieron la posibilidad de aproximarse a la cultura escrita en sus primeros años, con seguridad encontrarán dificultades que harán más lento el aprendizaje de la escritura, poniéndolos en desventaja frente a sus compañeros sin discapacidad visual, teniendo en cuenta que estos últimos ya traen consigo unos aprendizajes previos, producto de la estimulación que recibieron de su entorno familiar y sociocultural. 

Es preciso entonces que los niños y niñas con discapacidad visual cuenten con el apoyo incondicional de la familia o sus cuidadores en los años que anteceden el ingreso a la escuela, y sobre todo, propiciando espacios de acercamiento a la lectura y la escritura a través del sistema braille. 

Pero también es indispensable que los niños y niñas con discapacidad visual que utilizarán el braille como medio para acceder al lenguaje escrito, cuenten con la colaboración permanente de directivos, docentes y compañeros para que la aprehensión de los procesos formales de la lengua escrita se den en condiciones iguales, propiciando un ambiente de inclusión, donde los estudiantes con discapacidad visual no se  sientan discriminados ni aislados. 

Si los niños en las aulas aprenden a escribir hablando, interactuando con sus compañeros, resolviendo los problemas conceptuales que les plantea el docente, más que haciendo muchos trazos, se puede reafirmar sin temor a equivocaciones que el Braille no entra en conflicto con estas formas de aprendizaje. Más aún, se puede concluir que esta forma de aprendizaje del lenguaje escrito, pone en igualdad de condiciones a niñas y niños usuarios del braille con sus compañeros que ven.  

La niña o el niño ciego en la escuela, compartirá los espacios de lectura y escritura que propicie el docente de aula. El maestro de apoyo pedagógico colaborará resolviendo inquietudes y corrigiendo posibles errores de aplicación del sistema, en tanto que la   familia apoyará las actividades que el maestro haya dejado para resolver en casa. Así pues, desarrollando un trabajo colaborativo que involucre a todos los miembros de la comunidad educativa, es posible garantizar a los estudiantes con discapacidad visual el aprendizaje de la lectoescritura en condiciones de calidad y equidad. 

Pedro Andrade
Autor:
Pedro Andrade Lozada
Profesional de Asistencia Técnica