Del bastón al perro guía, un camino para recorrer

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Imagen de la Autora con su perro guia
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Según un informe publicado por la World Health Organization en 2018, se estima que en el mundo hay aproximadamente 1.300 millones de personas con discapacidad visual, que abarca desde las miopías y el astigmatismo hasta la degeneración macular, las retinopatías y el glaucoma (estas últimas son causantes de ceguera irreversible).

Sin embargo, gracias a los múltiples avances de la tecnología, es posible hacer de la ceguera un aspecto que, en lugar de entristecernos, nos engrandezca. Uno de esos elementos es el bastón blanco, que en la mayoría de los casos es el primer signo de autonomía e independencia de una persona ciega.

En ese mismo sentido se sitúa la figura del perro guía que, desde la perspectiva personal de quien escribe este texto, no es menos relevante que el primero. Básicamente, la poca tenencia de los mismos tiene sus orígenes en la falta de conciencia, educación y cultura de muchas personas para respetar el acceso e ingreso de estos animales a los sitios que la persona ciega acuda (restaurantes, almacenes de cadena, hospitales, medios de trasporte, etc.)

En Colombia, los perros guía son entrenados para, como lo dice su nombre, guiar, dirigir y acompañar a las personas ciegas en sus recorridos; además, se entregan de forma gratuita. Pero muchas personas con discapacidad visual se privan de ser usuarios de esta oportunidad porque temen el contexto y la censura con que el mundo los va a saludar, una vez hechos a esta oportunidad.

No obstante, hay usuarios que invierten con gran esperanza y paciencia parte de su tiempo formalizando la solicitud de los mismos. Esperé dos años para saber lo que era vivir la experiencia de conocer, interactuar y tener a ‘Milagros’ al lado, recorriendo las calles del barrio, los lugares donde trabajo y la universidad.

Aunque en la mayoría de ocasiones nos han recibido con elogios,  o debo indicar, la han recibido, porque ahora la mirada se estrecha sobre el negro de su pelaje, también he vivido situaciones en las que las personas son poco amigables y dado el desconocimiento del tema no aceptan su ingreso a determinados lugares, aun cuando existe una carnetización que la identifica como perra lazarillo y la legislación es clara al respecto.

Más en la mayor parte de los casos lo que logran estas situaciones es hacer de nosotros personas empoderadas, dispuestas a luchar porque se garanticen los derechos propios y, por supuesto, los del perro; porque la libertad, independencia y seguridad que ella me brinda conforme pasan los días no me la ha brindado ningún elemento distinto al brazo de las personas y es claro que no pretendo tal cosa.

He sido usuaria del bastón casi por 10 años y pese a que le agradezco la osadía de caminar por los lugares que me proponga, la experiencia que se vive desde el binomio de usuario y perro es única e incomparable; no sólo porque nos esquiva de los obstáculos con experticia y gran velocidad, incluso antes de que nosotros mismos los anticipemos, sino también porque es la muestra perfecta de la entrega incondicional, noble y sincera que quizá ningún ser humano nos garantice jamás.

Ella, conforme camina por las calles, inspira  ternura, admiración y mucho respeto. Y sabe que conforme transcurre el tiempo y su trabajo, estos caracteres le serán devueltos por mí, su único referente de cariño, ya que su trabajo le impide recibir caricias de otras personas, las cuales pueden distraerla de su propósito y funciones.

Por todo lo anterior, es de vital importancia que nuestra sociedad demuestre una mayor apertura a estos temas. De la recepción de los mismos depende que las personas ciegas seamos más independientes, no sólo porque la tecnología nos lo permite, sino porque esencialmente hay capital humano con el que se puede contar.

Milagros, gracias por darle un sentido nuevo a mi vida y caminar. Has abierto la puerta de la sensibilidad, frente a la cual nuestros ojos sin excepción estuvieron siempre ciegos. El brillo de tus obras es equiparable al del sol sobre las olas del mar.

Por: Luz Dary Roa Velásquez
Usuaria de perro guía

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